“Lo mejor está por venir”
Estamos a solo dos meses de cerrar una etapa que cambió nuestras vidas. Tres años de formación, de aprendizajes compartidos, de noches de estudio, de risas, de nervios, de exposiciones y de desafíos superados. Hoy, mientras transitamos los últimos exámenes y trabajos finales, sentimos una mezcla de emociones difícil de describir: orgullo, nostalgia, ansiedad, pero, sobre todo, una profunda gratitud.
Miro hacia atrás y veo el camino recorrido. No fue fácil. Hubo días de cansancio, de dudas, de querer rendirse. Pero también hubo compañeras que alentaron, profesores que acompañaron con paciencia y sabiduría, y momentos en los que cada esfuerzo cobró sentido. Estos tres años no solo nos formaron profesionalmente, sino también como personas. Aprendimos a mirar al otro con empatía, a escuchar con atención, a sostener con respeto y a comprender que la educación se construye día a día, en cada gesto, en cada palabra, en cada vínculo.
Ser futura preceptora es entender que nuestro rol no se limita a controlar o registrar, sino a acompañar trayectorias de vida. Es ser puente entre los estudiantes, los docentes y las familias; es estar presente, ofrecer una palabra de aliento, contener una emoción o simplemente escuchar. Aprendimos que muchas veces, una simple conversación o una mirada atenta pueden hacer una gran diferencia en la vida de un estudiante.
Ahora que nos acercamos al final, el cansancio se mezcla con una enorme satisfacción. Lo que antes parecía tan lejano hoy se vuelve realidad: estamos a punto de recibirnos. Y con el título, no solo culmina una etapa académica, sino que nace una nueva versión de nosotras mismas: más fuertes, más seguras y con una vocación más firme que nunca.
Hoy más que nunca sentimos que lo mejor está por venir. Porque este cierre no es un final, sino el comienzo de un nuevo camino. Un camino donde podremos aplicar todo lo aprendido, seguir creciendo y acompañar a otros con la misma pasión con la que fuimos formadas.