viernes, 10 de octubre de 2025

Despedida

 “Lo mejor está por venir”

Estamos a solo dos meses de cerrar una etapa que cambió nuestras vidas. Tres años de formación, de aprendizajes compartidos, de noches de estudio, de risas, de nervios, de exposiciones y de desafíos superados. Hoy, mientras transitamos los últimos exámenes y trabajos finales, sentimos una mezcla de emociones difícil de describir: orgullo, nostalgia, ansiedad, pero, sobre todo, una profunda gratitud.

Miro hacia atrás y veo el camino recorrido. No fue fácil. Hubo días de cansancio, de dudas, de querer rendirse. Pero también hubo compañeras que alentaron, profesores que acompañaron con paciencia y sabiduría, y momentos en los que cada esfuerzo cobró sentido. Estos tres años no solo nos formaron profesionalmente, sino también como personas. Aprendimos a mirar al otro con empatía, a escuchar con atención, a sostener con respeto y a comprender que la educación se construye día a día, en cada gesto, en cada palabra, en cada vínculo.

Ser futura preceptora es entender que nuestro rol no se limita a controlar o registrar, sino a acompañar trayectorias de vida. Es ser puente entre los estudiantes, los docentes y las familias; es estar presente, ofrecer una palabra de aliento, contener una emoción o simplemente escuchar. Aprendimos que muchas veces, una simple conversación o una mirada atenta pueden hacer una gran diferencia en la vida de un estudiante.

Ahora que nos acercamos al final, el cansancio se mezcla con una enorme satisfacción. Lo que antes parecía tan lejano hoy se vuelve realidad: estamos a punto de recibirnos. Y con el título, no solo culmina una etapa académica, sino que nace una nueva versión de nosotras mismas: más fuertes, más seguras y con una vocación más firme que nunca.

Estos últimos meses son un tiempo para agradecer.
Agradecer a los profesores, por su compromiso, por enseñarnos con dedicación y por guiarnos en este proceso con paciencia y calidez.
Agradecer a nuestras compañeras, por la compañía, las risas, los trabajos en equipo, las charlas interminables y el apoyo en los momentos difíciles.
Y agradecer a nosotras mismas, por haber tenido la fuerza de continuar, por no rendirnos y por creer que este sueño valía la pena.

Hoy más que nunca sentimos que lo mejor está por venir. Porque este cierre no es un final, sino el comienzo de un nuevo camino. Un camino donde podremos aplicar todo lo aprendido, seguir creciendo y acompañar a otros con la misma pasión con la que fuimos formadas.

Ser preceptora es mucho más que un título: es una forma de mirar el mundo, de vincularse, de creer en las personas y de apostar por la educación como herramienta de transformación.
Y mientras nos preparamos para dar ese último paso, lo hacemos con el corazón lleno de orgullo y esperanza, sabiendo que cada esfuerzo valió la pena y que, a partir de ahora, comienza la mejor parte de nuestra historia.

A dos meses de recibirnos

 El cierre de un camino y el inicio de otro

Hoy miramos hacia atrás y parece increíble cómo pasaron tres años. Tres años de clases, apuntes, risas, nervios, trabajos en grupo, mates compartidos y también noches de estudio. Ahora que estamos a los últimos dos meses de este proceso de formación como Técnicos Superior Preceptor, empieza una etapa distinta: la del cierre, pero también la de los comienzos.

Llegaron los exámenes finales, las exposiciones, las entregas... y con ellas, esa mezcla de ansiedad y entusiasmo que acompaña cada meta importante. Ya no somos los mismos que cuando empezamos: hoy comprendemos que ser preceptor es mucho más que cumplir un rol institucional; es acompañar, escuchar y sostener con empatía, sensibilidad y compromiso.

Estos últimos meses son una invitación a agradecer: a los docentes que nos guiaron con paciencia y dedicación, a nuestras compañeras que se convirtieron en red, y a nosotros mismos, por no bajar los brazos.

Estamos a punto de recibirnos, pero sobre todo, estamos a punto de cumplir un sueño. Y aunque termina una etapa, el verdadero camino recién comienza: el de acompañar a otros, con la certeza de que la educación puede transformar vidas.

miércoles, 8 de octubre de 2025

Neuroeducación y Adolescencia

¿Cómo aprende el cerebro adolescente?

Buenas tardes, buen miércoles, te haz preguntado alguna vez como funciona el cerebro en los estudiantes en momentos de cambios intensos? La adolescencia es una etapa de cambios: emocionales, físicos y también cerebrales. Entender cómo funciona el cerebro adolescente no solo es útil para los docentes, sino también para quienes acompañan día a día la vida escolar: los preceptores.

Desde la neuroeducación, una disciplina que une la pedagogía con los aportes de la neurociencia, podemos comprender mejor por qué los adolescentes piensan, actúan y aprenden de ciertas maneras, y cómo ese conocimiento puede transformar la forma en que los acompañamos.

¿Qué pasa en el cerebro adolescente?

Durante la adolescencia, el cerebro se encuentra en plena “reorganización”. La corteza prefrontal —la zona encargada de planificar, tomar decisiones y controlar impulsos— aún está en desarrollo. En cambio, el sistema límbico, que gestiona las emociones, se activa con fuerza.

Esto explica por qué muchas veces los jóvenes reaccionan desde la emoción más que desde la razón. No se trata de falta de madurez o rebeldía gratuita, sino de un cerebro que está aprendiendo a equilibrar emoción y pensamiento.

¿Por qué es importante para los preceptores?

El preceptor tiene un rol clave: es quien observa, acompaña, escucha y sostiene cotidianamente al estudiante. Comprender el funcionamiento del cerebro adolescente permite mirar las conductas desde otro lugar, con empatía y perspectiva pedagógica.

Por ejemplo:

  • Un estudiante que se distrae fácilmente no necesariamente es “vago”; su cerebro aún está desarrollando la capacidad de atención sostenida.

  • Las emociones intensas o los cambios de humor son parte del proceso de maduración neurológica.

  • La búsqueda de pertenencia y reconocimiento entre pares responde a una necesidad profunda de conexión social, esencial para el aprendizaje.

Estrategias de acompañamiento desde la neuroeducación

  1. Validar las emociones: enseñar a reconocer y nombrar lo que sienten.

  2. Fomentar la curiosidad: los adolescentes aprenden mejor cuando algo los motiva o despierta su interés.

  3. Dar espacio a la autonomía: involucrarlos en la toma de decisiones sobre su propio proceso escolar.

  4. Promover el aprendizaje social: el cerebro adolescente aprende en grupo; las actividades colaborativas fortalecen la empatía y la memoria.

  5. Reconocer el error como parte del aprendizaje: el cerebro aprende más cuando puede equivocarse y volver a intentarlo.

El acompañamiento preceptorial como puente

El preceptor, más que un controlador de asistencia, es un mediador del vínculo entre emoción y aprendizaje. Su cercanía cotidiana le permite detectar señales tempranas de desmotivación, malestar o desconexión.

A través de la escucha y el acompañamiento, puede ayudar a que el estudiante encuentre sentido en la escuela y confíe en sus propias capacidades. Y ese es, justamente, el primer paso para que el aprendizaje sea posible.

sábado, 4 de octubre de 2025

Los Derechos de los Estudiantes.

 La Ley que los Protege y el Rol de la Escuela

En la escuela, cada estudiante no solo tiene deberes, sino también derechos que deben ser respetados y garantizados.
Como futura preceptora, creo que conocer estas leyes es clave para poder acompañar a los alumnos desde el respeto, la escucha y la empatía.
Porque defender los derechos de los estudiantes es también defender una educación más justa, inclusiva y humana.

La ley que avala los derechos de los estudiantes

En Argentina, la principal norma que protege a los alumnos es la Ley de Educación Nacional N.º 26.206, sancionada en el año 2006.
Esta ley establece que la educación es un derecho personal y social, y que el Estado tiene la obligación de garantizar su acceso, permanencia y egreso en todos los niveles.

Además, reconoce que los estudiantes deben recibir una educación integral, inclusiva, equitativa y de calidad, sin ningún tipo de discriminación.

Derechos fundamentales de los estudiantes según la ley

La Ley 26.206 y otras normas complementarias (como la Ley de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes N.º 26.061) establecen derechos muy importantes, entre ellos:

  1. Derecho a la educación pública, gratuita y de calidad.
    Ningún estudiante puede quedar fuera del sistema educativo por su condición económica, social o cultural.

  2. Derecho a ser tratado con respeto y dignidad.
    La escuela debe ser un espacio libre de violencia, maltrato o discriminación.

  3. Derecho a participar y expresar su opinión.
    Los estudiantes pueden formar centros de estudiantes, proponer ideas y participar en las decisiones escolares.

  4. Derecho a recibir orientación y acompañamiento.
    Aquí el rol del preceptor es esencial: escuchar, guiar y acompañar el proceso educativo y personal de cada alumno.

  5. Derecho a la igualdad de oportunidades.
    Todos los estudiantes tienen las mismas posibilidades de aprender, sin importar su origen, religión, género o situación familiar.

El rol del preceptor como garante de derechos

El preceptor no solo cumple una función administrativa o disciplinaria: también es un referente de acompañamiento y contención.
Desde ese lugar, puede detectar situaciones de vulnerabilidad, intervenir con empatía y ayudar a que los derechos se hagan realidad dentro de la escuela.

Ser preceptor implica también estar atento a:

  • Casos de discriminación o maltrato.

  • Situaciones familiares complejas.

  • Dificultades en el aprendizaje o en la integración escolar.

El diálogo, la escucha activa y la intervención oportuna son herramientas claves para proteger los derechos de los estudiantes y asegurar que la escuela sea un lugar seguro y de crecimiento.

Conocer la ley es conocer los derechos.
Y conocer los derechos es el primer paso para defenderlos.
Como futura preceptora, mi compromiso es trabajar para que cada estudiante tenga las mismas oportunidades de aprender, crecer y sentirse valorado.

💬 “Una escuela que respeta los derechos de sus estudiantes, educa en libertad, igualdad y justicia.”

La Educación Integral en las Escuela

Una mirada flexible como futura preceptora

Buen sábado para todos, al hablar de educación integral es hablar de una escuela que forma personas completas, no solo estudiantes que aprenden contenidos.
Una educación verdaderamente integral busca desarrollar la mente, el corazón y los valores, para que cada alumno crezca en conocimiento, pero también en humanidad.

Como futura preceptora, creo firmemente que la escuela tiene que ser un espacio donde los chicos y chicas se sientan acompañados, escuchados y valorados.
La educación integral no se enseña solo con libros: se construye todos los días, en cada vínculo, en cada conversación y en cada gesto.

¿Qué significa una educación integral?

Significa que la escuela no se limita a enseñar materias.
También educa en valores, en convivencia, en respeto y en emociones.
Busca que cada estudiante pueda desarrollar todas sus dimensiones:

  • Intelectual: aprender, razonar, reflexionar.

  • Emocional: reconocer y expresar lo que siente.

  • Social: convivir con otros, respetar las diferencias.

  • Ética y moral: tomar decisiones responsables y solidarias.

  • Física y espiritual: cuidar su cuerpo, su salud y su bienestar interior.

El rol del preceptor en la educación integral

El preceptor tiene un papel fundamental.
Es quien está cerca de los estudiantes todos los días, quien percibe sus cambios de ánimo, quien nota si algo anda mal o si alguien necesita un apoyo extra.

Desde nuestro rol podemos:

  • Escuchar sin juzgar.

  • Acompañar en momentos difíciles.

  • Orientar con empatía.

  • Promover valores como la solidaridad, el respeto y la responsabilidad.

El preceptor es, en muchos casos, el primer adulto en quien el estudiante confía.
Y esa confianza es la base para que la educación integral sea posible.

Una escuela que enseña a vivir

La educación integral busca preparar a los alumnos para la vida, no solo para aprobar materias.
Por eso, es fundamental que la escuela sea un lugar donde se aprenda a:

  • Resolver conflictos dialogando.

  • Trabajar en equipo.

  • Ser empáticos y solidarios.

  • Cuidar de uno mismo y de los demás.

En ese camino, el preceptor cumple una función insustituible: humanizar la escuela, recordando que detrás de cada alumno hay una historia, una emoción y un potencial enorme.

Como futura preceptora, sueño con una escuela donde cada estudiante pueda aprender, pero también sentirse visto, comprendido y querido.

Porque solo así lograremos una educación que forme personas capaces de transformar el mundo desde el respeto, la empatía y el compromiso.

Día del Preceptor en Misiones

 Un reconocimiento al corazón de la escuela

Cada 19 de septiembre se celebra en la provincia de Misiones el Día del Preceptor, una fecha especial para reconocer la labor de quienes, día a día, acompañan a los estudiantes en mucho más que su trayectoria escolar.
El preceptor no solo es la persona que pasa lista o controla la asistencia; es quien escucha, orienta, contiene y guía. Es ese nexo entre el hogar y la escuela, entre el estudiante y el docente, entre el conflicto y la solución.

El rol del preceptor: más allá del aula

En la vida escolar, el preceptor cumple un papel fundamental.
Es quien conoce las historias detrás de cada alumno, quien detecta cuando algo no anda bien y quien ofrece una palabra oportuna, un consejo o una sonrisa en el momento justo.
En Misiones, donde muchas escuelas son verdaderas comunidades educativas, el preceptor se convierte en un referente cercano, especialmente para los adolescentes que atraviesan una etapa de muchos cambios.

Su tarea es acompañar con empatía, promover el respeto, y recordar que cada estudiante es único y valioso.

Un día para agradecer

El Día del Preceptor es la oportunidad perfecta para detenernos y agradecer:

  • Por la paciencia de cada mañana.

  • Por la dedicación en las charlas, los partes, las reuniones y los recreos.

  • Por estar atentos a los silencios y también a las sonrisas.

En muchos casos, el preceptor es la primera persona a la que un estudiante se anima a contarle que algo no anda bien. Y ahí radica la importancia de su rol: son un puente humano dentro de la institución.

Ser preceptor no es solo un trabajo; es una vocación de servicio y acompañamiento.

Como futuros preceptores, tenemos el desafío de seguir construyendo escuelas donde los vínculos sean tan importantes como los contenidos, y donde el acompañamiento humano marque la diferencia.

En un mundo que muchas veces corre rápido, el preceptor es quien se detiene a mirar, escuchar y entender. Y eso, en sí mismo, ya es un acto educativo.

Celebrar el Día del Preceptor en Misiones es celebrar la presencia, el compromiso y la humanidad en la escuela. Porque detrás de cada alumno que avanza, hay un preceptor que estuvo ahí, alentando, escuchando y acompañando  su camino. “Ser preceptor es ser parte del crecimiento de cada estudiante, sembrando valores que perduran más allá del aula.”

domingo, 28 de septiembre de 2025

Proyectos solidarios de los estudiantes.

 La Importancia de los Proyectos Solidarios en la Escuela.

Buen domingo para todos, Las escuelas no son solo un lugar donde aprendemos matemáticas, lengua o historia. También son un espacio donde aprendemos a convivir, a ser solidarios y a crecer como personas.
Por eso, los proyectos solidarios en la escuela son tan importantes: no solo ayudan a quienes lo necesitan, sino que también forman estudiantes más empáticos y responsables.

Por qué hacen falta proyectos solidarios en la escuela

  1. Crean comunidad: La escuela deja de ser solo un edificio y se convierte en un espacio donde todos cuidan de todos.

  2. Despiertan valores: La solidaridad, la empatía y el respeto se ponen en práctica, no quedan solo en palabras.

  3. Dan oportunidades de participar: Cada estudiante puede aportar algo: tiempo, ideas, manos para ayudar, creatividad para difundir.

Cómo ayudan a los estudiantes que más lo necesitan

  • Apoyo material: colectas de ropa, útiles y alimentos pueden ser un gran alivio para compañeros que están pasando un momento difícil.

  • Acompañamiento emocional: sentirse parte de un proyecto hace que el estudiante no se sienta solo ni señalado por su situación.

  • Motivación para seguir en la escuela: saber que hay un entorno que lo apoya puede ser lo que necesita para no abandonar sus estudios.

  • Desarrollo de autoestima: pasar de “necesitar ayuda” a también “dar ayuda” en el proyecto genera orgullo y confianza en uno mismo.

Ejemplos de proyectos que hacen la diferencia

  • Banco de útiles escolares: para que nadie se quede sin cuaderno o lapicera.

  • Roperito solidario: cada familia dona lo que no usa, y otro compañero puede llevarlo.

  • Desayunos compartidos: cada semana un grupo organiza algo para que todos puedan empezar el día con energía.

  • Apoyo escolar entre pares: estudiantes que dominan ciertas materias ayudan a quienes tienen dificultades.

Ser solidario no es dar lo que sobra: es compartir lo que tenemos para que todos podamos aprender y crecer juntos.
Como futura preceptora, creo que la escuela es el mejor lugar para aprender que ayudar a otros también nos ayuda a nosotros mismos.

Despedida

  “Lo mejor está por venir” Estamos a solo dos meses de cerrar una etapa que cambió nuestras vidas. Tres años de formación, de aprendizajes...