viernes, 29 de agosto de 2025

La psicología en nuestras vidas.

 la psicología en la vida de un estudiante

Buenas noches gente, todos los días nosotros los estudiantes vivimos situaciones que parecen simples: entrar al aula, saludar, entregar un trabajo, preparar un examen. Pero detrás de esas acciones se esconde mucho más de lo que imaginamos. Hay cosas que hacemos conscientemente (porque sabemos que las hacemos) y otras que ocurren inconscientemente (sin que nos demos cuenta).

Como preceptores, nos toca ver de cerca esos dos mundos. Y créanme: los dos influyen en cómo viven la escuela.

Lo consciente: lo que saben que hacen

Preparar un examen: estudiar, subrayar, hacer resúmenes.

Decidir con quién se sientan: elegir al compañero que les da confianza.

Ponerse auriculares al salir de la escuela: un acto consciente de desconexión.

Levantar la mano en clase: elegir participar o no.

Lo consciente es lo que controlamos, lo que decidimos. Por ejemplo, cuando piensan:

“Hoy no voy a hablar porque no estudié mucho”.

 Lo inconsciente: lo que pasa sin que lo noten

Mover la pierna en el pupitre cuando están ansiosos.

Evitar mirar al profesor porque sienten miedo a ser llamados.

Soñar despiertos en clase cuando algo los preocupa en casa.

Olvidar entregar una tarea no solo por descuido, sino porque algo interno los bloquea.

Lo inconsciente habla por ustedes, aunque no lo registren. Muchas veces son miedos, inseguridades o deseos que se expresan en pequeñas actitudes.

Ejemplos que seguro te suenan

El que dice: “no me importa la nota”, pero en el fondo se siente inseguro si le va mal.

El que siempre hace chistes en clase, y quizá inconscientemente busca llamar la atención porque necesita sentirse aceptado.

El que estudia mucho y aún así siente que nunca es suficiente (síndrome del impostor en versión estudiantil).

¿Por qué importa reconocerlo?

Porque cuando entienden qué cosas son conscientes y cuáles son inconscientes, pueden:

Conocerse mejor.

Bajar la ansiedad en exámenes.

Ser más empáticos con sus compañeros.

Identificar cuándo lo que sienten no es simple “flojera”, sino algo más profundo.

Como preceptores vemos que muchas veces los estudiantes cargan con emociones que ni ellos mismos entienden. Ser consciente de lo inconsciente no es fácil, pero dar el primer paso ya cambia mucho.

La escuela no es solo para aprender matemáticas o historia: también es un lugar para conocerse a uno mismo. Y en ese camino, reconocer lo que sentimos (aunque sea en silencio) es parte de crecer.


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